Conflicto analizado en tres metodos
Conflicto
Una familia de cuatro personas —compuesta por un padrastro, su hijastra, la mamá y la hija biológica de esta última— lleva viviendo junta en armonía durante aproximadamente ocho años, compartiendo una casa modesta y rutinas cotidianas que han fortalecido su vínculo. Sin embargo, un día, durante una reunión familiar donde todos habían consumido alcohol, el padrastro, en un gesto torpe e impulsivo, toca sutilmente el glúteo de la hija, generando un shock inmediato en ella. Aunque el acto no fue intencional ni de naturaleza sexual, ha creado una profunda incomodidad y ha alterado por completo cómo la hija ve al padrastro, sembrando dudas sobre su confianza y respeto hacia los límites personales.
Como resultado, la familia se ha distanciado: la hija evita interacciones directas con el padrastro, las conversaciones familiares se han vuelto tensas y cargadas de silencios incómodos, y nadie sabe exactamente cómo resolver la situación. La mamá, atrapada en el medio, se siente dividida entre defensor al padrastro —a quien ve como un hombre bueno y no malintencionado— y apoya a su hija, sin tener claro qué pasos dar para restaurar la unidad familiar. Este incidente ha expuesto vulnerabilidades en su convivencia, dejando a todos en un limbo emocional sin una solución aparente.
Modelo Harvard
Desde este enfoque, la familia trabajaría tomando distancia del “cómo se sienten entre ellos” para centrarse en lo que cada uno realmente necesita después del incidente. La hija busca seguridad y respeto por sus límites; el padrastro quiere aclarar que no tuvo mala intención; y la madre necesita recuperar la calma familiar sin invalidar a nadie. Con esos intereses sobre la mesa, se construirían acuerdos concretos: una conversación clara donde el padrastro reconoce el impacto del gesto, límites explícitos para evitar confusiones en el futuro, y espacios para reconstruir la confianza paso a paso. La idea no es juzgar a las personas, sino encontrar soluciones prácticas que devuelvan estabilidad a la convivencia.
Modelo Transformativo
Aquí el propósito no es llegar rápido a un acuerdo, sino ayudar a que cada miembro de la familia recupere voz, claridad y empatía. La hija puede expresar con libertad cómo se sintió y recuperar control sobre la situación; el padrastro puede asumir la responsabilidad emocional por lo ocurrido sin sentirse condenado; y la madre puede posicionarse desde un lugar menos dividido. A través de este intercambio honesto, cada quien empieza a reconocer el dolor o las intenciones del otro, lo que transforma la manera en que se relacionan y abre espacio para una convivencia más madura y consciente, incluso antes de plantear cualquier arreglo concreto.
Modelo Circular–Narrativo
Este modelo se enfoca en las historias que cada uno se está contando sobre el incidente y cómo esas narrativas alimentan el distanciamiento. La hija interpreta el toque como una invasión que cambió su percepción del padrastro; él, en cambio, vive con la angustia de que lo vean como alguien que no es; y la madre se siente atrapada entre dos versiones que no sabe conciliar. El trabajo consiste en que la familia reconstruya juntos un relato más equilibrado: reconocer que fue un error en un contexto de alcohol, que causó un impacto emocional real y que todos desean reparar la relación. Al reescribir esa historia compartida, se abren nuevas formas de comunicarse y convivir sin que el incidente siga definiendo a la familia.
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