Actividad Farid Dieck

Farid Dieck, quien se identifica como psicólogo, productor musical y aficionado a la filosofía, plantea que la vida es Absurda. El absurdo surge de la discrepancia entre un razonamiento lógico y la realidad, manifestándose cuando la vida entrega un "no" en lugar del "sí" esperado, como en la pérdida de un ser querido. Este absurdo exige la construcción constante de un sentido para poder navegarlo.

El absurdo se asomó en la vida de Dieck a los 19 años con la pérdida de su hermano mayor en un accidente. Esta experiencia lo llevó a cuestionarse el sentido de todo. Él argumenta que la conciencia de nuestra propia finitud  es lo que motiva la construcción de un sentido, ya que, de otra forma, la vida sería insoportable. La muerte se relaciona cognitivamente con la valoración de la vida, ya que su escasez es lo que le otorga valor. En este sentido, la muerte es la posibilitadora del sentido.

Dieck decidió cambiar la búsqueda de un sentido inherente por la construcción de sentido. Utiliza la analogía lingüística: la vida es como una oración abierta, y cada experiencia nueva  tiene la posibilidad de resignificar el sentido de las palabras anteriores. Así, las cosas pasan "para algo" que el individuo construye con sus actos diarios, convirtiéndose el individuo en el agente de su propio sentido.

El encuentro con el absurdo, como la pérdida de un ser amado, demanda la aceptación de lo inaceptable, que es un acto radical de reconocer la realidad insoportablemente dolorosa. La aceptación no es pasiva, sino un reconocimiento activo que permite construir sobre esa realidad. El duelo se concibe como un combate que se gana al rendirse a esta aceptación activa. La señal de que la pérdida ha sido integrada es la reapertura al mundo.

Dieck considera que la felicidad es un lujo, y que lo que el ser humano busca fundamentalmente es sentido, pues la gente está dispuesta a sufrir si el sufrimiento tiene sentido. La frase clave es: "No necesitas ser feliz para tener sentido, pero sí necesitas tener sentido para ser feliz". El sentido hace soportables las adversidades, y la felicidad surge como un subproducto de actividades cotidianas llenas de significado.

El ser humano está "irremediablemente condenado al otro", y la calidad de las relaciones significativas es la fuente más importante de sentido. El sentido está directamente ligado a la responsabilidad de cuidar o aportar a los demás, ya sea a través de la familia o causas sociales. El rol individual es aportar algo que impacte positivamente a los demás, creando lazos comunitarios.

El duelo surge ante la pérdida de una certeza futura. A este dolor por un futuro que ya no será, lo llama futuralgia. El antídoto a la futuralgia es la esperanza. Aunque se haya perdido un futuro, no se pierde El Futuro , que es la suma de todos los posibles futuros. La esperanza es lo que mantiene a la persona caminando y le permite construir "otros futuros diferentes, pero igualmente deseables".

Dieck motiva a explorar las potencialidades personales para combatir el sufrimiento arbitrario y contribuir a un mundo mejor. Aconseja convertirse en el sentido y crear significado con la vida, asegurando que no hay contribución insignificante, pues la particularidad de cada persona es lo que más le hace falta al mundo. 

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